2022-05-28

Cosecha y degustación de aceite de oliva, una experiencia diferente en un campo de Neuquén

Hace 20 años, los dueños de este emprendimiento de Centenario, Mariana y Gustavo Mauad, visualizaron un campo de alfalfa y comenzaron a forestar para crear cortinas de viento. Sin embargo, cuando se hicieron los estudios de suelo, resultó que no era un lugar apto para esa plantar esa leguminosa.
“Los cultivos alternativos que se podían dar acá eran vid, granado y olivo. La vid quedó descartada porque creímos que la inversión era mayor, lo cual es cierto, pero hoy sabemos que la renta se consigue antes que con el olivo. La opción del granado también quedó descartada porque era para hacer jarabe para exportar. No era viable”, dice Mariana.
Actualmente, cuentan con 70 hectáreas sembradas con 6 variedades de olivos en Centenario. A las ya mencionadas, se le suma koroneiki, de origen griego. Tiene más de 3.000 años y es considerada como la reina de la aceituna.


Visitamos el olivar a fines de abril, en plena cosecha de arbequina, una variedad que además de tener cuadros específicos, se siembra en una hilera cada 10 filas de otra cepa ya que ayuda a la polinización.
Damián Martínez, el capataz, nos enseña la técnica de cosecha y nos invita a trabajar con él. Agarramos guantes y un rastrillo que lo deslizamos por la rama de los árboles para quitar los frutos. Las aceitunas caen sobre una extensa red apoyada en el piso.
“La cosecha es siempre manual porque nuestro suelo abajo es cemento indio (un calcáreo casi tan duro como el hormigón). Tuvimos que pasar con máquinas y romper las piedras para poder sembrar. Por eso, las raíces no pueden crecer en profundidad y están débiles. Si cosechamos con máquina, mueve demasiado a la planta y la destruye”, dice Mariana, la dueña.
“Además, de esa forma tampoco logramos una calidad óptima de aceite porque se cosechan grandes volúmenes y no alcanzamos a procesarlos”, agrega y explica que la aceituna tiene una acidez cero, pero cada minuto que pasa fuera de la planta se oxida y por eso es importante procesar lo antes posible. “Nosotros hacemos todo en menos de 7 horas y eso es clave para tener la calidad que ofrecemos”.
Los aceites extra virgen deben tener una acidez entre 0 y 0,8; cuanto menos, mejor. Estos tienen 0,2.
Si bien el aceite de oliva es el gran protagonista, en Praderas Neuquinas también producen su propia línea de cosmética a base del olivo, que incluye una crema reparadora y una bruma astringente, y miel, con colmenas propias.
Según los dueños, todos sus productos son fruto del arduo trabajo, el compromiso, y sobre todo, el respeto por lo que la tierra brinda.
“Tenemos que querer a nuestra Argentina y animarnos a apostar”, reflexiona Gustavo Mauad.

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