2025-07-12

Argentina envejece a ritmo récord y podría entrar en crecimiento poblacional negativo

Un informe de la Universidad Austral y Redifam advierte que el país enfrenta una de las transiciones demográficas más rápidas de América Latina. La baja natalidad y el aumento de la longevidad generan nuevos desafíos para la salud, la seguridad social y el cuidado familiar.

El proceso de envejecimiento de la población en Argentina avanza a un ritmo acelerado y ya ubica al país entre los más envejecidos de América Latina. Así lo señala un reciente informe elaborado por la Universidad Austral y la Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia (Redifam), difundido en el marco del Día Mundial de la Población.

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Con una Tasa Global de Fecundidad de apenas 1,4 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional (2,1), y una expectativa de vida que alcanza los 78 años, el país atraviesa una transformación estructural en su composición social. La Tasa Bruta de Natalidad, que mide nacimientos por cada 1.000 habitantes, se ubica en 9,9, la segunda más baja de la región, solo superada por Chile (7,7).

“Argentina ya no es un país joven, y eso exige decisiones políticas firmes e integrales”, advirtió Lorena Bolzon, presidenta de Redifam y decana del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. “Debemos repensar nuestros sistemas de salud, laboral, de previsión social y cuidado familiar para sostener una población cada vez más longeva”, agregó.

El informe advierte que, de continuar esta tendencia y en ausencia de una inmigración significativa, el país podría entrar en una fase de crecimiento negativo, con todas las implicancias sociales y económicas que ello conlleva.

Además de los indicadores demográficos, el estudio destaca una “profunda transformación en los vínculos familiares”, con impacto directo en el acompañamiento de adultos mayores. Argentina lidera la región en hogares unipersonales (24,6%), mientras que los hogares nucleares descendieron al 57% y los extendidos se mantienen en torno al 17%.

Los cambios, que comenzaron a evidenciarse a partir de 2015, se aceleraron tras la pandemia de COVID-19, y hoy presentan un escenario desafiante para las políticas públicas. La edad mediana de la población ya alcanza los 32,9 años, una de las más altas del continente.

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El documento concluye con una advertencia: la transición demográfica exige respuestas integrales, inclusivas e intergeneracionales. “Es urgente diseñar políticas que reconozcan el valor de las personas mayores, sin desatender las necesidades de los jóvenes ni sobrecargar a las familias”, remarca el informe. También subraya que los sectores más vulnerables enfrentan un envejecimiento con mayores niveles de precariedad y menor acceso a derechos básicos.

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