2026-03-01

Opinión

El petróleo entra en zona de turbulencia: el precio del barril Brent salta este 1° de marzo de 2026 cerca de los 80 dólares

América del Sur se encuentra lejos del teatro de operaciones. Sin embargo, no es inmune a un barril Brent sostenidamente elevado.

 El mercado petrolero marca este domingo 1° de marzo, bajo máxima tensión bélica y geopolítica, un precio del barril Brent del orden de los 79/ 80 dólares. Cotizaba a 73 dólares antes del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, y apenas sostuvo un precio de alrededor de 60 dólares en enero de este año.

 También el GNL ( Gas Natural Licuado ), que se transporta en barcos , tendrá aumentos y oscilaciones.  

Para el mercado europeo se negocia hoy 2 de marzo con un 25% de aumento en alrededor de 14 dólares el millón de BTU.

Este salto refleja un cambio abrupto en la percepción general del riesgo global y anticipa jornadas de alta volatilidad.

Hasta el momento no se confirmaron daños directos sobre yacimientos, refinerías o buques metaneros o petroleros (excepto los nueve buques que mencionara en forma genérica Donald Trump).

Sin embargo, el problema no es físico, sino logístico. El epicentro de la preocupación, entre otros temas, es el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial.

Allí, el tránsito está virtualmente paralizado. Varias navieras no autorizan el paso de los buques y las compañías aseguradoras retiraron la cobertura a los mismos y a sus cargamentos.

En la práctica, el mercado enfrenta una restricción operativa que funciona como un embargo de hecho. Este factor explica, en gran medida, la razón del impulso del precio del barril Brent. De prima de riesgo a posible shock estructural

Si la confrontación se mantiene contenida, el barril Brent de petróleo podría estabilizarse en una franja de entre 80 y 90 dólares, siempre que persistan las hostilidades y la incertidumbre sobre el régimen iraní.

De prima de riesgo a posible shock estructural

Pero el umbral de los 100 dólares por barril ya no es una hipótesis extrema. Podría alcanzarse e incluso superarse si el cierre del Estrecho de Ormuz se consolida o si se producen daños irreparables a infraestructura energética clave.

Un elemento que agravó la situación fue la respuesta iraní a países del Golfo que albergan bases militares de los Estados Unidos, aun cuando se habían mantenido neutrales.

Fue así que los ataques contra Israel alcanzaron también a Arabia Saudita, Jordania, Qatar, Bahrein, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, bajo el argumento de que la presencia militar estadounidense los convertía en objetivos.

La decisión iraní produjo una paradoja geopolítica al atacar a países árabes que no habían intervenido en la ofensiva. Irán transformó a esos países, que hasta entonces eran neutrales, en enemigos.

El conflicto dejó de ser bilateral y amplió su radio de riesgo a terminales, puertos y oleoductos del Golfo. Desde la óptica del mercado, este hecho multiplica los puntos vulnerables.

Aun sin destrucción confirmada de instalaciones productivas, el aumento del riesgo operativo endurece las condiciones y desalienta o impide los despachos.

Cada día de confrontación bélica agrega más incertidumbre y mayor presión a los precios. OPEP y los límites de la compensación

 

OPEP y los límites de la compensación

Antes de la crisis bélica, el mercado físico estaba bien abastecido. La OPEP mantenía capacidad ociosa y en las grandes economías existen reservas estratégicas significativas. No obstante, esa capacidad no puede activarse en forma inmediata ni puede compensar la interrupción masiva de suministros desde el Golfo Pérsico.

Además, aunque existan barriles disponibles, si los buques no pueden atravesar el Estrecho de Ormuz, o si las navieras y las aseguradoras no cubren el tránsito, la oferta efectivamente se reduce por imposibilidad de transporte desde varios países productores.

En ese escenario, podrían registrarse desabastecimientos parciales, especialmente en los mercados asiáticos, con las consecuentes tensiones adicionales.

Finalmente, tengamos en cuenta que Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo y sus exportaciones son destinadas principalmente a China.

 

América del Sur: lejos del conflicto pero no del impacto 

En términos geográficos, América del Sur se encuentra lejos del teatro de operaciones. Sin embargo, no es inmune a un barril Brent sostenidamente elevado. En ese contexto, adquiere centralidad la formación geológica Vaca Muerta, que todos los meses establece producciones récord.

Gracias a ello, mes a mes se superan las cifras de producción de gas y de petróleo históricas, tanto en la provincia de Neuquén como en Argentina.

En febrero de 2026, alrededor del 70% del gas y del petróleo de Argentina provinieron de la provincia de Neuquén, y más del 90% de esa producción tuvo su origen en la cuenca Vaca Muerta.

El dato es estructural: el 85% de la matriz energética argentina depende del gas y del petróleo, lo que convierte a la formación en el pilar fundamental de la seguridad energética del país.

Ello representa una independencia en materia de gas y de petróleo, y blinda al país en ocasión de esta crisis bélica en Medio Oriente.

Lo que comenzó hace más de una década en la provincia de Neuquén como una estrategia provincial, es hoy una política nacional clave para el abastecimiento interno y para las exportaciones, ahorrando y generando divisas a la República por miles de millones de dólares.

No cabe duda de que mejores precios representan mejor sustentabilidad económica para Vaca Muerta y una mayor recaudación de regalías provinciales y de impuestos nacionales y provinciales.

Pero también significa un desafío para la economía interna. Brasil, Chile y Uruguay encontraron en Vaca Muerta una fuente cercana para el abastecimiento de gas y también de petróleo. Brasil es el gran productor de petróleo de América del Sur, gracias a sus desarrollos en el mar.

Pero necesita reemplazar el gas que Bolivia ya no le provee, y Vaca Muerta es la más segura fuente de abastecimiento. Inclusive Paraguay y Bolivia quedan vinculados a esta dinámica de integración energética.

La región, por lo tanto, aparece relativamente protegida frente a esta crisis en Medio Oriente, aunque no lo está frente al impacto de precios internacionales elevados.

El dilema argentino: precios internos y precios internacionales

El desafío para el gobierno nacional argentino será administrar y resolver el tradicional conflicto entre el precio doméstico y el precio a paridad de exportación. Un Brent en torno a 90 dólares o más mejora la rentabilidad exportadora y la percepción, como ya dijimos, de impuestos y regalías.

Pero el traslado pleno de esa suba al mercado interno presionará la inflación. Si se optara por desacoplar precios para contener el impacto social, como ya ha ocurrido tantas veces, se resentiría la rentabilidad y el aliento a la inversión.

El equilibrio será delicado: se deberán sostener los niveles récord de producción y de inversión en Vaca Muerta (en el 2025 se invirtieron 10.000 millones de dólares) y, al mismo tiempo, se deberá resguardar y asegurar el camino hacia la estabilidad macroeconómica.

Un mercado en zona crítica

El mundo no enfrenta en las actuales circunstancias un embargo físico comparable al de 1973. Pero sí atraviesa una crisis de confianza logística que puede mutar rápidamente a una crisis estructural si el conflicto escala o si el cierre del Estrecho de Ormuz se vuelve efectivo y prolongado.

El Brent a 80 dólares es apenas la primera señal de este domingo 1° de marzo de 2026. El nivel del precio del barril y la posibilidad de que sobrepase los 100 dólares dependerá de la evolución militar del conflicto, de la solución de la situación interna iraní y de las acciones y reacciones de los estados involucrados y de terceros países.

Mientras tanto, el petróleo vuelve a actuar como un termómetro geopolítico global, como ya sucedió antes del ataque con el precio del oro, la plata y el cobre.

Cada movida en el Golfo repercutirá de inmediato en los distintos mercados.

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