2026-07-26

Opinión

Veinte años son un pestañeo para la historia, pero una eternidad para una escuela

Mientras las deudas educativas se acumulaban durante décadas, miles de estudiantes esperaban respuestas. La actual gestión provincial decidió convertir esa espera en obras y comenzar a saldar una cuenta histórica.

Veinte años pueden parecer apenas un instante cuando se observa la historia. Pero para una comunidad educativa significan generaciones enteras de alumnos que cursaron sin las escuelas que necesitaban. En el oeste de la ciudad de Neuquén pasaron dos décadas sin que se construyera una escuela secundaria, mientras la población crecía y la demanda se multiplicaba.
Esa fue una de las tantas asignaturas pendientes que los neuquinos vieron acumularse durante años. Escuelas saturadas, estudiantes obligados a trasladarse a otros barrios, talleres funcionando en edificios alquilados y aulas tráiler que se transformaron en una postal habitual de un sistema que no acompañaba el crecimiento de la provincia.
Con la llegada de Rolando Figueroa al gobierno, ese escenario comenzó a cambiar. La recorrida por la ampliación de la EPET Nº 17 y por las obras de la nueva EPET Nº 27 y del CPEM del barrio Z1 refleja una decisión política concreta: convertir a la educación en la principal inversión del Estado y empezar a saldar una deuda que llevaba demasiado tiempo pendiente.
Las obras no son hechos aislados. Forman parte de un programa de infraestructura que ya suma 100.000 metros cuadrados de nuevas escuelas, mientras avanza la eliminación de las aulas tráiler y se construyen establecimientos modernos, con talleres, gimnasios, losa radiante, paneles solares y tecnología acorde a las necesidades actuales. A la par, la provincia sostiene el programa de becas Gregorio Álvarez, el más importante de América Latina, consolidando una estrategia integral para fortalecer el sistema educativo.
El impacto también es social. Los nuevos edificios permitirán que miles de jóvenes del oeste de la capital puedan estudiar cerca de sus hogares, evitando largos traslados diarios. La educación deja así de depender únicamente del boleto estudiantil gratuito para acercarse definitivamente a los barrios donde viven las familias y donde más creció la ciudad.
Durante demasiado tiempo la educación quedó atrapada entre promesas y postergaciones. Hoy, las grúas, los obradores y las escuelas que empiezan a levantarse muestran otra realidad. Veinte años fueron una eternidad para quienes esperaban estas obras. Pero cuando un gobierno decide convertir las prioridades en hechos, las deudas históricas empiezan, por fin, a saldarse.

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