2026-07-27

La transformación silenciosa de las familias

Menos hijos, menos nietos: la Argentina que envejece

La Argentina tiene cada vez menos nacimientos y una población más longeva. El cambio también transforma las familias y las redes de cuidado.

La Argentina está atravesando una transformación demográfica que ya modifica la composición de las familias y que tendrá consecuencias cada vez más visibles sobre la vejez. En 2024 se registraron 413.135 nacimientos, un 10,4% menos que el año anterior. Al mismo tiempo, el país avanza hacia una estructura poblacional con una proporción creciente de personas mayores.

Las proyecciones elaboradas por el INDEC a partir del Censo 2022 muestran la magnitud del cambio: las personas de 65 años y más representaban el 12% de la población en 2022 y llegarían al 16,4% en 2040. El organismo vincula este proceso principalmente con una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo y el aumento de la longevidad.

En este escenario, hay una consecuencia menos visible que la discusión sobre jubilaciones o sistemas de salud: las familias también serán más pequeñas y eso puede modificar la experiencia de envejecer.

El tema fue analizado por Vilda Discacciati, del Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria del Hospital Italiano, y Mario Sebastiani, del Servicio de Obstetricia de la misma institución, en la Revista del Hospital Italiano de Buenos Aires. El artículo fue publicado en agosto de 2025 y plantea cómo la caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida están redefiniendo los vínculos entre generaciones.

Los especialistas señalan que más del 57% de los hogares argentinos no convive con niños o adolescentes, frente al 44% de tres décadas atrás. También advierten que muchas personas mayores podrían no llegar a tener nietos, en un contexto donde las familias tienen menos hijos.

Una vejez con redes familiares más pequeñas

Durante generaciones, la figura de los abuelos estuvo integrada a familias numerosas, con hijos y nietos que formaban una red cercana. Esa estructura no desaparece, pero puede volverse menos frecuente a medida que disminuye la cantidad de nacimientos.

El cambio tiene consecuencias especialmente importantes para los cuidados. La atención de las personas mayores se sostuvo históricamente, en buena medida, dentro de las propias familias. Con menos hijos y menos descendientes, esa red puede reducirse y aumentar la necesidad de alternativas de cuidado y acompañamiento.

El desafío tampoco consiste solamente en garantizar atención médica. La transición demográfica alcanza la vivienda, la participación social, la autonomía, los vínculos y la organización cotidiana de las personas mayores.

Discacciati y Sebastiani plantean que la mayor longevidad no debería ser considerada exclusivamente como un problema. En su análisis proponen repensar el envejecimiento desde una perspectiva que reconozca la autonomía y la participación de las personas mayores, al mismo tiempo que se diseñan políticas capaces de responder a una estructura familiar diferente.

La tendencia ya está reflejada en las estadísticas: menos nacimientos y más personas mayores. La cuestión que comienza a tomar fuerza es cómo se organizarán las familias y los sistemas de cuidado cuando las redes tradicionales de hijos y nietos sean más pequeñas.

Fuentes consultadas: INDEC, DEIS y Revista del Hospital Italiano de Buenos Aires.

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