jueves 23 de julio de 2026
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Me llevé los saleros de Mirtha Legrand: los vendí por Internet y pagué una cena para mis amigos

miércoles 20 de abril de 2022

Cada vez que pasaba por la alacena los veía. Eran chiquitos y de vez en cuando se asomaban entre frascos mucho más grandes. Desde que fueron desterrados por ley de la mesa de los bares y restaurantes es raro encontrar uno por ahí. Pero en la tradicional mesa de Mirtha Legrand siempre hay. Allí siempre habrá saleros.
Los saleros de Mirtha estuvieron en mi cocina por mucho tiempo, dijo Daniel Malnatti. De vez en cuando los levantaba para pasar un trapo por abajo y enseguida los volvía a posar más o menos en el mismo lugar. Un día estaba tirando especias y cosas vencidas en frascos viejos y ahí estaban los saleros. Me puse alerta, porque cuando tiro cosas, realmente tiro cosas. Y muchas veces me deshago de objetos y después me arrepiento o a la semana los necesito.
Tan fanático de tirar cosas soy a veces que una vez tiré un Martín Fierro… aunque ese no es un buen ejemplo ya que no se trata precisamente de algo que uno necesite. O, mejor dicho, es algo que es quizás necesario pero solo cuando no lo tenés. Cuando te lo dan, en ese mismo momento, deja de servir de nuevo. Esa pasión por la limpieza, hizo que la gente de APTRA nunca más me invitara a la cena. Es lógico, no los culpo. Ojalá no me pase lo mismo con la mesa de Mirtha.
Lo cierto es que ahí estaban los saleros, quizás nunca sepan el riesgo que corrieron esa tarde. Soy hipertenso y no los necesitaba, pero mantuve la mente fría y en ese temperamento decidí su destino. Los bajé de la alacena, les saqué fotos y los ofrecí en Mercado Libre a todo aquel que pudiera pagar 18.821 pesos por cada uno. Los vendí en un par de meses.
Con esos 37.642 pesos, en homenaje a Federico Peralta Ramos quien en 1991 gastó tres mil dólares de la beca Guggenheim en una cena en el Alvear, invité a comer a todos mis amigos del grupo de WhatsApp de la secundaria. Fue todo más módico pero no por ello menos sentido. Comimos pastas en la trattoria de mi amigo Adrián Francolini en la calle Gorriti, quien además nos hizo precio. La pasamos realmente bien.
Quería agradecer en particular a Mirtha Legrand pero también a los camarógrafos, a los sonidistas, a las maquilladoras y a todos los que hacen posible Almorzando con Mirtha por esa hermosa cena con mis amigos de siempre. También a Nacho, Juana Viale y la producción del programa quienes siguen poniendo saleros a la mesa tal cual tradicionalmente hizo su abuela durante años.