miércoles 12 de junio de 2024

Tenía en la casa más de treinta serpientes venenosas, alacranes y tarántulas

sábado 09 de septiembre de 2023

Casi treinta serpientes venenosas, tarántulas, alacranes, y otros insectos fueron encontrados en una vivienda situado en el barrio porteño de Villa Urquiza, donde un joven, acusado de comercializarlos en el mercado negro, quedó detenido. 

El hecho fue descubierto por Gendarmería, luego que la Justicia Federal advirtiera que en ese lugar se desarrollaba un serpentario ilegal. Se presume que las especies eran comercializadas en el mercado negro vinculado al tráfico de animales.

¿Cómo se descubrió el serpentario ilegal?
El joven fue demorado en un control vehicular en La Matanza, donde los agentes advirtieron que en el auto trasladaba distintos tipos de serpientes, por lo que hicieron la denuncia

De esta manera, actuó la Justicia, y en las últimas horas, la Policía Federal allanó un domicilio situado en el barrio porteño de Villa Urquiza, por orden de la jueza de San Martín, Alicia Vence, y el fiscal de Morón, Sebastián Basso.

En dicha vivienda se encontraron un total de 27 serpientes (la mayoría phyton y venenosas). Además, se hallaron otros réptiles, alacranes, tarántulas e insectos. Todas las especies estaban colocadas adentro de distintas cajas de plástico. La Justicia sospecha que eran criados para luego ser vendidos en el mercado ilegal de animales.

La legislación vigente en todo el país prohíbe la captura y comercio de la fauna silvestre, ya que rigen leyes y convenios tanto a nivel provincial, como nacionales e internacionales, que la protegen.

A fines de agosto, una denuncia por maltrato animal dio lugar a una investigación, por la que se relizó un operativo en el que un criadero ilegal situado en el barrio porteño de Balvanera fue clausurado, y se rescataron 24 perros Shiba Inu, que estaban encerrados en jaulas. 

Los animalitos fueron llevados a una ong, en tanto los responsables del establecimiento clandestino fueron imputados por "crueldad animal".

La causa se inició a raíz de relevamientos por parte de la Policía (PFA)  por la actividad ilegal de criadero, con expresa prohibición en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires conforme la vigencia de la ordenanza 41831/87. 

En ese marco, la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA), a cargo del Dr. Carlos Rolero Santurián, solicitó el allanamiento y posterior clausura del criadero que funcionaba en un domicilio ubicado sobre la calle Catamarca.