viernes 12 de julio de 2024

16 de junio de 1955

Bombardeo a Plaza de Mayo

La Marina de Guerra bombardeó la Plaza de Mayo, causando la muerte de alrededor de 300 personas, entre ellas un grupo de niños en una excursión escolar.
domingo 16 de junio de 2024

El jueves 16 de junio de 1955, en horas del mediodía, la Marina de Guerra bombardeó la Plaza de Mayo, causando la muerte de alrededor de 300 personas, entre ellas un grupo de niños en una excursión escolar. El objetivo era asesinar al presidente Juan Domingo Perón. Dado por finalizado el ataque, los agresores buscaron asilo en Montevideo.

La fecha elegida para semejante acto criminal no fue aleatoria: para ese día estaba programado un desfile de desagravio (del que iba a ser parte la aviación) al pabellón nacional en rechazo a la quema de una bandera que había ocurrido la semana anterior, durante la celebración religiosa de Corpus Christi.

La iglesia católica mantenía desde fines de 1954 un fuerte enfrentamiento con el gobierno, debido a la reapertura de los prostíbulos y le ley de divorcio, impulsadas por el Poder Ejecutivo.

A modo de identificación, los aviadores insurrectos pintaron sus naves con una cruz emergiendo de una letra V, cuyo significado era "Cristo Vence". Ese día en las inmediaciones de Plaza de Mayo transitaba gente que trabajaba por la zona y grupos de personas que se dieron cita en el lugar para presenciar el desagravio a la bandera. Se estima que ese dia fueron arrojadas alrededor de diez toneladas de explosivos sobre el microcentro de la Capital. También hubo enfrentamientos por vía terrestre, decisivos para el triunfo de los leales.

En su libro "La Revolución del 55" Isidoro J. Ruiz Moreno detalló: "La defensa de la Casa Rosada estaba compuesta por dos ametralladoras Browning M2 de 12,7 milímetros situadas en el techo". Las denominadas tropas leales fueron el Regimiento de Granaderos a Caballo y tropas de Infantería. A los militares se sumaron cuadros civiles armados, dispuestos a luchar para defender a Perón. En tanto, los rebeldes instalaron su cuartel general en la esquina de Leandro N. Alem y Víamonte. En las primeras horas de la tarde necesitaron refuerzos, pero no los pudieron coordinar a tiempo.

Por esta razón nunca llegaron y en consecuencia, vieron mermado su poder ofensivo. Lo que sí tuvieron los insurrectos fue el apoyo de civiles armados. Ambos bandos tenían apoyo civil, pero los leales eran mayoría y tenían mejor armamento. Al cabo de unas horas los sublevados se rindieron y pidieron garantías.

La cúpula de la CGT no quiso permanecer al margen de los acontecimientos y convocó a una manifestación de apoyo al gobierno, pero el Poder Ejecutivo ordenó cancelarla para evitar un mayor número de víctimas.

Sin embargo no pudo evitarse el colapso de los hospitales debido al número de heridos, que según cifras oficiales, llegó a ser de alrededor de 600. Al término de la jornada el presidente Perón intentó aplacar los ánimos con un mensaje en tono conciliador: “Prefiero que sepamos cumplir como pueblo civilizado y dejar que la ley castigue -sentenció-. No lamentemos más víctimas. Nuestros enemigos cobardes y traidores merecen nuestro respeto, pero también merecen nuestro perdón. Por eso, pido serenidad una vez más”

 

División en las Fuerzas Armadas

El peronismo irrumpió en la escena política generando pasiones y rechazos con la misma intensidad. Por el carisma de su líder, la carga emotiva de sus reivindicaciones y la acción eficaz del aparato de propaganda oficial, nadie permaneció neutral frente al peronismo. Las Fuerzas Armadas no escaparon a ese fenómeno.

Durante la Revolución del 43 Perón fue ministro de Guerra, entre otros cargos. Ese puesto fue muy importante para su proyecto político, porque le permitió rodearse de un grupo de oficiales de altas jerarquías para destinarlos a áreas clave del Estado y darle mando de tropas. En cuanto a los que no se sumaron al incipiente peronismo, fueron destinados a áreas insignificantes, enviados como agregados a diversas embajadas (cuánto más alejadas, mejor) o, directamente, pasados a retiro.

Ese modelo de conducción castrense continuó durante los doce años de gobierno peronista. La división entre la línea liberal y la línea nacional se hizo cada vez más notoria. Dentro del Ejército la relación de fuerzas entre ambas facciones era más pareja, aunque la institución era leal al presidente.

En la Armada habia otra realidad. Los oficiales eran, en su mayoría, fervientes antiperonistas. Lenta pero sostenidamente se fue organizando la oposición a Perón. Un golpe de estado fallido en 1951 le dejó a los golpistas una lección: había que esperar el momento oportuno para actuar. Hacerlo poco antes de las elecciones en las que se veía venir el triunfo peronista, con una sociedad conmovida por la salud de la Primera Dama, que apenas un mes antes había rechazado la candidatura a la vicepresidencia, pese a las presiones de la CGT para que acepte, claramente, no era muy oportuno.

 

¿Cómo estaba la economía?

Las elecciones del 11 de noviembre de 1951 dieron el triunfo a la fórmula Perón - Quijano (la misma que había vencido en la contienda de 1946) por amplia diferencia. Pero no fueron buenos tiempos, ni para el peronismo ni para el país. Poco antes de asumir el segundo mandato, falleció el vicepresidente Quijano.

Los años 52 y 53 fueron críticos en materia económica. La inflación galopante (36.7% en 1951, 38.2% en 1952, según Guerchunoff y Llach en su libro "El ciclo de la ilusiónal desencanto") obligó al gobierno a tomar una medida extrema, agravada tono dramático con el que la comunicó el propio presidente en persona: “Con referencia a los especuladores, ellos son elementos coadyuvantes y cooperantes de esta acción. El gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos".

Con esta amenaza el presidente Perón anunció el inicio de la política antiinflacionaria, cuya principal herramienta era el control de precios. ¿Cómo era el día a día de la gente? Esos tiempos quedaron grabados en la memoria de nuestros mayores como los días del pan negro, el desabastecimiento de algunos productos esenciales y la limitación al consumo de carne.

Claudio Fabián Belini, doctor en historia e investigador del CONICET en su artículo "Inflación, recesión y desequilibrio externo. La crisis de 1952, el plan de estabilización de Gómez Morales y los dilemas de la economía peronista" hace referencia a los afluencia de factores que desembocaron en la crisis: descenso en el nivel de exportación de carne y granos, en parte por el impacto de la sequía de 1949/50 y en buena medida por el aumento del consumo interno. En paralelo se registro una caída en los valores internacionales de los productos argentinos de exportación (en criollo: la producción argentina se vendía menos que antes y más barato).

En febrero de 1952 se lanzó el Plan de Emergencia Económica para hacer frente a la crisis. Resumidamente, el foco estaba puesto en tres puntos: aumentar la producción, no derrochar recursos y la importancia del ahorro. Para el primero de los objetivos el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio iba a comprar las cosechas a los productores por anticipado, para monopolizar el comercio exterior. En el segundo punto fijó el acento en el congelamiento de precios y salarios (después de un genero incremento tomando como base los valores de 1949) y la tercer pilar se propuso limitar la obra pública.

Al tiempo que el equipo económico a cargo de Alfredo Gómez Morales presentó su plan, el ministro de Comercio Exterior, Antonio Cafiero, propuso una devaluación, con el objetivo de alentar las exportaciones. En paralelo la política monetaria estuvo enfocada en restringir la oferta de pesos, reduciendo drásticamente la emisión.

Mientras desde los despachos oficiales se planificó este conjunto de medidas, en la calle las brigadas enviadas por la Policía Federal Argentina y por la Dirección Nacional de Abastecimiento concentraron sus esfuerzos en clausurar los comercios que tratasen de burlar la política de precios máximos. Hacia 1954 la economía empezó a dar muestras de recuperación, pero a Perón ya le habían picado el boleto y el 16 de junio la barbarie se adueñó del cielo en Plaza de Mayo.