Murió “Cacho” Elías, cofundador de la icónica churrería El Topo
La noticia fue confirmada este domingo por la propia empresa a través de un emotivo comunicado difundido en redes sociales, donde despidieron al histórico emprendedor destacando su carisma, su creatividad y su incansable vocación de trabajo.
“Juan Carlos, Cacho, el Ruso. El de las ideas locas, el carismático. Un trabajador incansable. Hoy se fue a las 3 am. Ya debe estar contando sus miles de anécdotas en donde quiera que esté”, expresaron desde la cuenta oficial de El Topo. El mensaje cerró con un saludo a su esposa Betty, sus hijas y nietos, y un agradecimiento por su legado. Como señal de duelo, la tradicional “madriguera” de la calle 83 en Necochea permanecerá cerrada por el resto del verano.
De Buenos Aires a revolucionar Villa Gesell
La historia de “Cacho” Elías está íntimamente ligada a la de su socio Hugo Navarro, con quien forjó una amistad en los años 60 en la ciudad de Buenos Aires, unidos por su pasión por las motocicletas. Antes de dedicarse a la gastronomía, ambos trabajaron como repartidores de rollos de películas para cines porteños, una actividad que abandonaron tras sufrir graves accidentes.
Luego de un primer emprendimiento fallido en el barrio de Belgrano, decidieron probar suerte en la Costa Atlántica y se instalaron en Villa Gesell en 1967. Allí, en un local precario sobre la avenida principal, nació la churrería que se convertiría en un símbolo de los veranos argentinos.
El sello de la innovación
El éxito de El Topo fue inmediato, especialmente durante las madrugadas, cuando los jóvenes regresaban de la playa y encontraban el local abierto desde temprano. Fue “Cacho” Elías quien impulsó la idea que marcaría un antes y un después: romper con la tradición dulce y ofrecer churros salados rellenos con queso roquefort, una propuesta tan audaz como exitosa.
Con ese espíritu innovador, Elías ayudó a construir una marca que trascendió generaciones y se transformó en un ícono de la cultura gastronómica de la Costa Atlántica. Su legado continúa hoy en manos de sus herederos, manteniendo vivo el sabor y la mística de aquellas primeras madrugadas geselinas.