Producción frutícola
Kissabel, la manzana roja por dentro que impulsa una nueva apuesta productiva en la Patagonia
Una nueva variedad de manzana comienza a abrirse paso en el Alto Valle de Río Negro y promete convertirse en una alternativa innovadora para la producción frutícola patagónica. Se trata de la Kissabel, una fruta que se distingue por su color rojo intenso tanto en la piel como en su pulpa, y por su alto contenido de antioxidantes.
El desarrollo es el resultado de un proyecto internacional que demandó más de 15 años de trabajo basado en cruzamientos naturales, sin modificaciones genéticas.
En Argentina, la iniciativa es liderada por el Grupo Prima (Moño Azul), en articulación con el INTA, que colaboró en la adaptación de los clones europeos a las condiciones climáticas del Alto Valle.
El proceso incluyó la evaluación de distintas variedades en estaciones experimentales hasta determinar cuáles ofrecían mejor rendimiento, calidad y adaptación al clima patagónico. De ese trabajo surgió una fruta con características diferenciadas, sabor cercano al de los frutos rojos y mayor valor nutricional.
La Kissabel apunta al segmento gourmet, donde su rareza y propiedades permiten comercializarla a precios superiores a los de las manzanas tradicionales. Esto la convierte en una alternativa atractiva para diversificar la producción y mejorar la rentabilidad por hectárea.
Actualmente hay unas 10 hectáreas implantadas, con una producción inicial cercana a los 500.000 kilos.
El plan de expansión prevé alcanzar las 50 hectáreas en el corto plazo, con una estrategia que prioriza primero el mercado interno y luego la exportación hacia destinos exigentes como Europa y Estados Unidos.
Con esta incorporación, la Patagonia suma una nueva apuesta para modernizar su matriz frutícola, apostando a productos diferenciados, de alto valor agregado y con proyección en mercados internacionales.