jueves 9 de julio de 2026
UNITE A LA COMUNIDAD DE NEUQUÉN I INFORMATE PRIMERO, DESDE TU CELULAR

Politica partidaria

Renovación y cambio: en el PJ neuquino lo que no sirve se descarta

Banderas partidarias y emblemas de Unión por la Patria fueron hallados descartados sobre la calle Roca. El episodio generó sorpresa y abrió interrogantes sobre el presente interno del justicialismo local.
martes 12 de mayo de 2026

Neuquén.- Una escena llamativa se registró en las últimas horas frente a la unidad básica del Partido Justicialista sobre calle Roca, donde varios “trapos” partidarios aparecieron arrojados dentro de un container de residuos.

Entre los elementos descartados se observaban banderas con el escudo histórico del PJ, confeccionada por Pampa Peralta,  y otras identificadas con Unión por la Patria, una postal que no pasó inadvertida para quienes transitan habitualmente por la zona.

También se desprendieron de una vieja cocina en la  se hacian las tortas fritas  para el dia de la lealtad o el 25 de mayo

La situación llamó aún más la atención cuando personal de limpieza urbana debió acercarse al lugar ante la acumulación de residuos y la presencia de elementos partidarios fuera del espacio correspondiente para su disposición.

El hecho disparó especulaciones y preguntas inevitables: ¿se trata de una simple mudanza y renovación y cambio de política justicialista? ¿O los emblemas partidarios ya a esta altura  perdieron el peso simbólico que históricamente representaron dentro del peronismo?

Por ahora no hubo explicaciones oficiales desde el espacio partidario, mientras la imagen de los históricos estandartes descartados alimenta lecturas sobre el momento que atraviesa el PJ y su vínculo con los símbolos que durante décadas marcaron identidad y pertenencia política.

¿Que dirán en la nueva Comisión Partidaria? y ¿ el Consejo local del parrilismo?

La cocina peronista
Tal vez nunca imaginó terminar así: descartada como un electrodoméstico quemado y con menos ceremonia que un concejal cambiándose de bloque. Justo ella, que durante años fue confidente de internas, conspiraciones y abrazos de unidad que duraban menos que un sachet de leche abierto.
La vieja cocina acompañó roscas memorables, operaciones de madrugada y degüellos políticos donde más de uno entregaba la cabeza sin pedir ni turno. Testigo silenciosa de pactos cocinados entre mate lavado, grasa recalentada y promesas de lealtad eterna que vencían antes del próximo cierre de listas.
En la mugre heroica de su puerta todavía deben quedar pegadas las huellas digitales de medio peronismo local: dirigentes que entraban buscando consenso… y terminaban encontrando una torta frita, que era bastante más nutritiva. Por los pasillos de Roca 235 desfilaron compañeros, traidores, futuros libertarios encubiertos y revolucionarios de cafetera que hablaban de la patria mientras garroneaban azúcar.
Pero como dice el viejo mandamiento futbolero: los trapos no se tiran ni se queman. Se defienden. Aunque parece que algunos actualizaron la doctrina y ahora los revolean al contenedor con la misma facilidad con la que cambian de discurso.
Así terminó también la pancarta que el “Pampa” Peralta pintó con paciencia militante, aprovechando el calor de aquella legendaria “cocina peronista”. El trapo con Perón, Evita, Néstor y Cristina —veterano de marchas, actos, lluvias y derrotas electorales— fue arrojado a la basura sin culpa, como si fuera un volante viejo de campaña y no una reliquia sobreviviente de cien actos y doscientas traiciones.
Don Romero debe estar mirando todo desde arriba, entre resignado y divertido, viendo cómo sus huestes se pelean, abandonan el barco, vuelven cuando conviene y se abrazan otra vez para la foto, esa verdadera unidad básica del peronismo. Mientras tanto, otros sectores intentan despegarse del cadáver político para que no los acusen de haber dejado a la “cocina peronista” en situación de calle, jubilada sin aportes y víctima del ajuste interno.
Se perdieron aquellos valores del peronismo solidario, el que abría las puertas del local para que los militantes calentaran las manos, el agua del mate y, de paso, alguna esperanza. Hoy las únicas cosas calientes son las operaciones y los chats filtrados.
Los tiempos cambiaron. Ya no queda nada sagrado. Nadie se había animado a tanto. Ni siquiera Zuñiga cuando pegó el portazo. Y eso que en el peronismo los portazos suelen sonar más fuerte que las autocríticas.

Afiliado Justicialista

Distrito Neuquén

Temas de esta nota