2024-06-04

Villa la Angostura

El duro recuerdo de una sociedad por la erupción del Volcán Puyehue

El 4 de junio de 2011, el Puyehue entró en erupción nuevamente, luego de un período de inactividad de 51 años.

El 4 de junio de 2011, el Puyehue entró en erupción nuevamente, luego de un período de inactividad de 51 años.

La erupción expulsó una gran cantidad de cenizas que alcanzaron una altura de 10 kilómetros sobre el nivel del mar.

Las cenizas afectaron a gran parte de la región, incluyendo las ciudades de Bariloche y Villa La Angostura en Argentina, y Osorno y Puerto Montt en Chile. La erupción también provocó el cierre del aeropuerto internacional de Bariloche durante varios días.

 La erupción del Puyehue de 2011 tuvo un impacto significativo en la región. Las cenizas causaron daños a la agricultura, al ganado, y a la infraestructura.

La erupción también provocó la evacuación de miles de personas y la cancelación de vuelos y eventos turísticos.

La tarde del 4 de junio de 2011, el oeste se tiñó de un gris no habitual. No era una tormenta. Una masa ennegrecida de nubes se aproximaba a una velocidad inusitada. Desde el fondo de la cordillera llegó hasta el centro de la ciudad en no más de 40 minutos. A las 16 horas se hizo de noche, y comenzó a caer una tupida lluvia de cenizas y arena. Esta vez el oeste trajo malas noticias.

La información dura dice que a las 15,15 horas de ese sábado 4 de junio de 2011, el Observatorio Vulcanológico de los Andes del Sur del Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (SERNAGEOMIN) dio cuenta de la explosión de un volcán ubicado en el complejo Puyehue - Cordón Caulle.

Precedida por unos 230 sismos de menor intensidad, la erupción provocó una columna de material piroclástico -ceniza, humo, arena, lava solidificada por el contraste con el frío del ambiente- de unos 14 kilómetros de alto sobre el nivel del mar, y 5 kilómetros de ancho.

Fueron unos cien millones de toneladas de material los que salieron de la boca del volcán. Para despedirlo fue necesario el poder equivalente a 70 bombas atómicas, calcularon los vulcanólogos chilenos.

El viento oeste-este generó que la mayoría de ese material flotante cruzara la cordillera y se asentara, como una lluvia gris y abrasiva, sobre la Patagonia argentina.

No hubo en Bariloche advertencia a pesar de los 45 minutos que separaron la explosión de la llegada de las cenizas. No existió información oficial que permitiera prever lo que sucedió.

Esa tarde -que se volvió noche repentina a las 16 horas-, se llenaron los supermercados de vecinos y vecinos en búsqueda de velas, agua, comida; enloqueció el tránsito habitualmente cansino de la siesta de la ciudad que aún se sueña pueblo; los pocos turistas de la pretemporada invernal recorrieron las calles sacando fotos como si la esperada nevada por fin hubiese llegado; y las autoridades locales empezaron lentamente a dimensionar la crisis que se avecinaba.

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