2025-07-10

Récord de inseguridad alimentaria: uno de cada tres chicos sufrió hambre en 2024

Un informe de la UCA alertó sobre el aumento de la pobreza infantil y la falta de acceso a alimentos en hogares con empleo precario y monoparentales.

En 2024, la inseguridad alimentaria infantil alcanzó un récord del 35,5% en Argentina, afectando a 4,3 millones de niñas, niños y adolescentes, según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODS-UCA). Se trata del nivel más alto registrado en los últimos 15 años y evidencia un deterioro sostenido en las condiciones de vida de la infancia.

El estudio, titulado “Inseguridad alimentaria en la infancia argentina: un problema estructural observado en la coyuntura actual”, advirtió que los principales afectados fueron los hogares pobres, numerosos, monoparentales y con empleos informales o precarios. La forma más extrema del fenómeno —es decir, cuando no se logra cubrir necesidades alimentarias básicas— afectó al 16,5% de los menores de edad.

La pobreza golpea más fuerte en hogares vulnerables

En el primer semestre de 2024, el 67% de los niños y niñas eran pobres, aunque hubo una leve mejora hacia fin de año debido al freno inflacionario y al incremento en la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar. Sin embargo, la inseguridad alimentaria no cedió.

“El empleo es el factor más decisivo”, sostiene el informe, coordinado por Ianina Tuñón y Agustín Salvia. En hogares con trabajo precario, subempleo o desempleo, la inseguridad alimentaria alcanzó el 51% en 2024, mostrando un crecimiento constante desde 2018.

AMBA e interior: cifras similares

Por primera vez desde 2017, el interior del país igualó los niveles críticos del conurbano bonaerense, con 35% y 36% respectivamente. En paralelo, los hogares monoparentales registraron 12 puntos más de incidencia en inseguridad alimentaria que los biparentales. Las familias de cinco o más miembros también mostraron mayor exposición al hambre.

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El impacto de la educación y la contención escolar

Otro factor que influye es la escolaridad. Los niños que no asisten a la escuela o presentan déficit educativo tuvieron mayores niveles de inseguridad alimentaria. Esto se debe a que el sistema educativo suele ser una vía de acceso a comedores, redes de cuidado e integración social, según señala el informe.

Desde 2020, la brecha entre chicos escolarizados y no escolarizados se amplió, reflejando una caída más acelerada en la calidad de vida de quienes quedan fuera del sistema.

Hambre crónica y movilidad social limitada

El estudio advierte que la inseguridad alimentaria no es estática: entre 2022 y 2024, el 14,8% de los menores sufrió hambre de manera crónica, otro 9,2% empeoró y solo el 44,5% se mantuvo libre de esa situación durante los tres años.

Incluso entre los hogares con empleo formal, el informe revela que 1 de cada 10 niños enfrenta inseguridad alimentaria, lo que confirma que la pobreza estructural trasciende la ocupación laboral y requiere intervenciones más amplias.

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¿Alcanzan la AUH y la Tarjeta Alimentar?

Las transferencias como la AUH y la Tarjeta Alimentar tienen un efecto protector y logran reducir la inseguridad alimentaria en 0,81 puntos del índice, pero no alcanzan para revertir las consecuencias del desempleo o la precariedad laboral.

“El riesgo alimentario infantil debe abordarse con políticas integrales que incluyan empleo digno, desarrollo infantil temprano y acceso a una alimentación adecuada”, concluye el ODS-UCA.

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