Astrónomos confirman que el visitante interestelar 3I/ATLAS es un cometa natural
El cuerpo celeste conocido como 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar identificado por la humanidad, fue confirmado como un cometa natural. Las observaciones recientes de la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y diversos observatorios terrestres confirmaron que su composición, brillo y trayectoria coinciden plenamente con las de un cometa, descartando por completo las teorías que lo vinculaban a una posible nave alienígena.
Se trata de un objeto con una trayectoria hiperbólica —lo que significa que no orbita al Sol— y una velocidad superior a los 60 kilómetros por segundo. Tras acercarse a la estrella, el cometa se alejará definitivamente del Sistema Solar, sin posibilidad de regresar.
Origen y características del cometa
Los análisis del Laboratorio Nacional de Astronomía Óptica-Infrarroja (NOIRLab) y del Very Large Telescope revelaron que 3I/ATLAS contiene agua, metano, amoníaco y monóxido de carbono, los mismos compuestos presentes en los cometas de nuestro sistema. Su comportamiento, brillo y liberación de gases encajan dentro de los parámetros esperados, aunque presenta características únicas que lo hacen especialmente valioso para la investigación científica.
La espectroscopia, que analiza la luz reflejada por el cometa, permitió determinar que su núcleo conserva materiales formados hace unos siete mil millones de años, mucho antes de que naciera el Sol. Según los astrónomos, el objeto habría sido expulsado de su sistema original tras la formación de su estrella madre, vagando por el espacio durante miles de millones de años antes de cruzarse con la Tierra.
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El fin de las teorías extraterrestres
Durante su paso por el perihelio, el cometa fue objeto de múltiples teorías conspirativas que aseguraban que se trataba de una nave inteligente. Sin embargo, los estudios demostraron que las variaciones en su brillo se deben a un fenómeno natural: la sublimación de los compuestos helados al recibir calor solar.
Esa reacción genera chorros de gas y polvo que modifican su luminosidad y color, un proceso completamente normal en los cometas activos. Los astrónomos remarcaron que no existen señales de propulsión, maniobras ni patrones artificiales.
Un hallazgo de valor histórico
3I/ATLAS es solo el tercer cometa interestelar registrado, después de ‘Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Su tamaño y luminosidad son mayores que los de sus predecesores, lo que permitirá obtener información inédita sobre la formación de sistemas planetarios antiguos.
Las agencias espaciales preparan observaciones coordinadas con telescopios ópticos, infrarrojos y radiotelescopios para analizar los gases liberados y su estructura interna. Cada dato recolectado servirá para entender mejor cómo nacen los cuerpos celestes en otros rincones de la galaxia.
Un legado para la ciencia
Aunque su paso por el vecindario solar será breve, 3I/ATLAS deja un registro científico invaluable. Los astrónomos destacan que su estudio podría ayudar a determinar si los materiales que formaron la Tierra son comunes en la galaxia o si nuestro planeta es una rareza cósmica.
El cometa se alejará definitivamente en los próximos meses, pero su observación marcará un hito: una oportunidad única para mirar más allá de nuestro sistema y comprender cómo se repiten los procesos de la naturaleza a escalas universales.