Opinión
Neuquén marcó el límite y la tierra quedó protegida
La discusión en el Senado dejó una enseñanza que trasciende el resultado legislativo: cuando están en juego los recursos estratégicos del país, la representación política se mide por los hechos y no por los discursos.
La decisión de retirar del proyecto las reformas a la Ley de Tierras y a la Ley de Manejo del Fuego evitó un cambio de enorme impacto sobre el patrimonio territorial argentino y marcó un límite a iniciativas que podían abrir la puerta a la especulación inmobiliaria sobre superficies de enorme valor ambiental y productivo.
En ese escenario, la postura del gobernador Rolando Figueroa fue determinante. No se limitó a cuestionar públicamente la iniciativa nacional, sino que respondió con una propuesta concreta para blindar las tierras fiscales de Neuquén, estableciendo que solo puedan ser adquiridas por ciudadanos argentinos o personas jurídicas constituidas en el país.
Esa coherencia entre el discurso y la acción terminó fortaleciendo una posición que encontró eco en otros gobernadores y terminó inclinando la balanza.
La senadora por La Neuquinidad, Julieta Corroza, sostuvo esa misma línea dentro del recinto. No solo rechazó el capítulo vinculado a la extranjerización de la tierra que pretendía el presidente Javier Milei, sino que votó en contra del proyecto en general, dejando en claro que no estaba dispuesta a convalidar una iniciativa que, a su entender, avanzaba sobre cuestiones esenciales para la defensa del territorio.
"Estamos para defender Neuquén, esa es nuestra responsabilidad, ese es nuestro compromiso”, expresó en su cuenta de X tras emitir su voto, sintetizando una posición política que terminó siendo consistente desde el principio hasta el final.
En la vereda opuesta quedaron los senadores neuquinos de La Libertad Avanza, Pablo Cervi y Nadia Márquez. Ambos respaldaron el proyecto enviado por el Gobierno nacional e intentaron hasta último momento que prosperaran las modificaciones que habilitaban la venta de tierras a extranjeros. La iniciativa, sin embargo, naufragó frente a la resistencia de quienes entendieron que el suelo argentino no puede quedar librado a la lógica del mercado ni a intereses ajenos a los del país.
Tampoco prosperó la reforma de la Ley de Manejo del Fuego, que buscaba flexibilizar las restricciones para explotar económicamente tierras incendiadas y modificar las protecciones sobre los bosques nativos afectados por el fuego.
De haber avanzado, el cambio habría debilitado herramientas creadas justamente para desalentar incendios intencionales y proteger ecosistemas estratégicos. Su exclusión del proyecto evitó un retroceso en materia ambiental y preservó un principio básico: que una tragedia no pueda convertirse en una oportunidad de negocios.
El episodio deja una conclusión política difícil de discutir. Mientras algunos optaron por acompañar sin matices la agenda impulsada desde la Casa Rosada, otros priorizaron la defensa del territorio y de los intereses provinciales y nacionales.
Esta vez, la firmeza de Rolando Figueroa y Julieta Corroza no solo protegió a Neuquén: contribuyó a impedir que todo el país modificara normas sensibles sobre la tierra y el manejo del suelo, preservando recursos que forman parte del patrimonio de las generaciones presentes y futuras.