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"No hace falta que los dos quieran": lo que nadie te contó sobre el divorcio
¿Sabías que ya no necesitás el "sí" de la otra persona para divorciarte? Así es: desde 2015, alcanza con que uno solo lo pida. Nadie está obligado a seguir casado contra su voluntad, y la ley por fin lo reconoce.
Durante años, divorciarse fue una batalla. Había que probar una culpa, señalar a un responsable, exponer la intimidad de una pareja ante un juez para que alguien "autorizara" la separación. Hoy eso quedó atrás. El matrimonio le pertenece a quienes lo viven, no al Estado, y terminarlo también.
Pero ojo: pedir el divorcio no es solo firmar un papel
Acá viene la parte que muchas personas no conocen, y que puede ahorrar meses de conflicto: junto con la demanda hay que presentar una propuesta reguladora. Para decirlo de forma simple, es el plan de cómo vas a organizar tu vida después de la separación. Y no es un trámite menor, es la diferencia entre ordenar el después con cabeza fría o improvisarlo en medio del dolor.
¿Qué tiene que incluir?
Los bienes. Cómo se reparte lo que se construyó en pareja y qué pasa con las deudas.
Los hijos e hijas. Si el cuidado personal va a ser compartido o unilateral, y cómo va a funcionar el día a día.
El vínculo con quien no conviva. Cómo se organiza el tiempo con niños, niñas o adolescentes cuando uno de los progenitores se muda.
Los alimentos. Tanto entre excónyuges como para hijos e hijas menores de edad.
La casa. Quién se queda viviendo ahí, un punto que suele ser el más sensible de todos.
¿Y si el otro no está de acuerdo? Presenta su propia propuesta, y el juez resuelve lo que falte. Pero una cosa quedá clara: el divorcio se decreta igual. Lo único que puede discutirse son sus efectos, no la decisión de separarse.
La ley se simplificó. La historia detrás, no
Que el trámite sea más rápido no significa que sea más frío. Cada propuesta reguladora esconde una historia distinta: una casa que costó levantar, un hijo o una hija que necesita previsibilidad, el miedo a no llegar a fin de mes. Pensarla con cuidado, y no como un formulario para tachar, es lo que después se traduce en menos conflicto y más paz.
Divorciarse ya no pide permiso. Pero sí pide, de quien te acompaña, la misma mirada de siempre: detrás de cada expediente, hay una familia que se reorganiza, no que desaparece.
Dra Luz Blanco