La Bandurria, ave simbolo de San Martín de los Andes, ya tiene su monumento
SM Andes.- Con la presencia del vice gobernador, Marcos Koopmann, del intendente, Carlos Saloniti, concejales y funcionarios municipales el fue descubierto el monumento a la ave insignia de esta localidad: La Bandurria.
El monumento está ubicada en la plazoleta Cuesta de los Andes en la ruta 40 a la entrada de la ciudad y fue realizada por el arista Jorge Luis Vilchez. La obra fue la gandadora del concurso convocado por el municipio de esta localidad.
“Cuando salió el concurso, mucha gente me escribió y me vino a ver para que me presentara. En el último tiempo estuve un poco alejado del arte, entre la pandemia y el quiebre económico, me dediqué más a la construcción. Al final, presenté el proyecto con el objetivo de poder tener una escultura en algún espacio público del pueblo en el que nací. Además, quizás sea un empuje para poder volver a la rueda del arte”, explica el artista sobre la convocatoria lanzada por la Secretaría de Cultura local", expresó al portal local RSM
La bandurria es un pájaro de gran belleza y andar cansino que gusta de pasearse por ambientes húmedos. En San Martín de los Andes ya forma parte del entorno y hasta fue elegida su ave honorífica.
Su cuerpo está recubierto por plumas superpuestas de distintos colores que, cuando se mueven, aparecen por capas con distintos brillos. Varias gamas de grises, color imperante, recubren la zona de las alas y el pecho. Cabeza y cuello son más claros, en tonos blanco y canela, y sobresalen sus ojos rojos y su largo pico fino y curvo característicos.
Aparecen de a dos, de a tres o más y notamos que les gusta picar el suelo húmedo para encontrar lombrices e insectos, que son la base de su alimentación. Pueden pasar un largo rato caminando hasta encontrar lo que buscan, mientras emiten un sonido grueso y muy fuerte, como si se comunicaran entre sí.
El artista
Jorge Vilchez nació y se crió en San Martín de los Andes. Según cuenta él mismo, su primer encuentro con el arte se dio en la escuela primaria, cuando tenía 8 o 9 años. La profesora de plástica alentó su inclinación al dibujo y lo invitó a un taller complementario. “Ella me inició en el arte: a dibujar, pintar y esculpir. Después, cuando terminé el secundario me fui a estudiar a La Plata y empecé a hacer talleres en la Universidad de Bellas Artes, con una escultora. Luego surgió un viaje por el norte de Argentina, donde encontré distintos artistas que me hicieron enamorar de su arte”, narra Jorge sobre el inicio de su historia.

Cuando deciden emprender vuelo no pasan desapercibidas; la envergadura de sus alas les permite elevarse y perderse en el cielo en pocos minutos. No se van lejos, ya que anidan en árboles cercanos. A su vez, cuando descienden su planeo es elegante y preciso.