Turismo cultural
La Pampa: abrió al turismo la Colonia Menonita Nueva Esperanza
La Colonia Menonita Nueva Esperanza, situada en las afueras de Guatraché, La Pampa, se transformó en un punto turístico que invita a los visitantes a sumergirse en una cultura distinta, marcada por la autosuficiencia, la conexión con la tierra y una fuerte identidad colectiva.
Desde que comenzó a recibir turistas, esta comunidad cerrada de origen menonita, fundada en 1986 por familias que emigraron desde México, permite recorrer sus granjas, talleres y espacios de trabajo, y conocer de cerca sus costumbres, sus valores y su forma de vida, completamente ajena al vértigo moderno.
Talleres, queserías, carpinterías y vida comunitaria
El recorrido incluye visitas a queserías, carpinterías, metalúrgicas, el almacén de ramos generales, una ferretería, tiendas, un corralón y hasta la iglesia local. Los visitantes pueden observar cómo se fabrican herramientas, muebles, y cómo se organizan las tareas cotidianas de manera colectiva.
Muchos turistas, cuenta Di Meo, regresan en busca de productos que conocieron durante su visita, como quesos, dulces o implementos agrícolas. La interacción ha ido evolucionando: “Con los años, los menonitas se han abierto más. Ahora algunos conversan con los visitantes y las mujeres dialogan en español con mayor soltura”, destaca.
Trabajo, fe y contacto con la tierra
La vida menonita en Nueva Esperanza gira en torno al trabajo, la familia y la espiritualidad.
El uso limitado de tecnología, el trabajo a mano y el contacto diario con la naturaleza conforman una cosmovisión que llama la atención de quienes llegan desde grandes ciudades.
Originalmente, adquirieron 10 mil hectáreas, que dividieron en diez campos. Aunque el suelo no era ideal para cultivos extensivos, la comunidad se reinventó sin perder sus raíces agrícolas: desarrollaron un importante polo metalúrgico que hoy produce silos, mixers, galpones y carros rurales que se venden en todo el país.
También mantienen animales de granja, cultivan para autoconsumo y comercializan productos como carne, leche, huevos, aves, pan y aceite. Todo con un enfoque de producción casera, artesanal y sostenible.
Turismo que une culturas
Uno de los momentos más emotivos del recorrido se da cuando los niños menonitas juegan con los hijos de los visitantes, compartiendo juegos simples en un entorno natural. Es una postal que sintetiza el diálogo cultural y la convivencia pacífica que propone esta experiencia.
“El turismo es una herramienta que derriba barreras y construye puentes. Nos permite mostrar que, pese a nuestras diferencias, podemos convivir y aprender unos de otros”, asegura Di Meo.
“Conocer otras culturas no solo enriquece, sino que promueve la tolerancia y el respeto mutuo. Valores esenciales y cada vez más escasos”.