Autos eléctricos en Argentina: cuánto cuesta usarlos por día y el problema silencioso de las baterías
En el debate sobre la movilidad eléctrica suele repetirse una verdad parcial: los autos eléctricos son baratos de usar. Y aunque el cálculo diario lo confirma, existe un riesgo estructural que casi no aparece en la conversación pública: qué ocurre cuando la batería envejece, se degrada o directamente deja de funcionar.
Cuánta energía consume un auto eléctrico en uso urbano
En promedio, un vehículo eléctrico utiliza entre 16 y 18 kWh cada 100 kilómetros. Para simplificar, se toma un consumo conservador de 20 kWh cada 100 km, que permite proyectar gastos reales al usuario urbano argentino.
Un conductor típico recorre 50 km por día, lo que implica un consumo de 10 kWh diarios. En términos domésticos, es el equivalente energético a usar un horno eléctrico potente durante algunas horas.
Cuánto cuesta cargar un auto eléctrico en casa en Argentina
El costo real se obtiene dividiendo el monto total de la factura eléctrica (incluyendo impuestos y cargos) por los kWh consumidos. Ese valor —multiplicado por los 10 kWh diarios— da el gasto estimado para recorrer 50 km.
En la mayoría de las provincias, aun con tarifas actualizadas, la diferencia es contundente: mover un auto eléctrico cuesta entre 3,5 y 5 veces menos que hacerlo con nafta para la misma distancia.
Hasta este punto, los números cierran sin discusión.
El problema silencioso: la batería es el talón de Aquiles del auto eléctrico
El verdadero desafío no está en el costo diario sino en la batería, que representa el componente más valioso del vehículo. En Argentina, la mayoría de los modelos —sobre todo los importados desde China— llegan con baterías:
Selladas y propietarios
Sin módulos fácilmente reemplazables
Sin repuestos locales
Sin red de técnicos capacitados
Sin alternativas compatibles entre marcas
Cuando la batería comienza a degradarse, baja la autonomía. Y si falla por completo, el reemplazo puede costar entre el 40% y el 60% del valor del auto.
No existe “taller de barrio” para resolverlo.
Falta de técnicos, repuestos y protocolos: el cuello de botella
El mercado argentino enfrenta una debilidad estructural:
Muy pocos especialistas en reparación de baterías de litio
Ausencia de una red de reacondicionamiento
Falta de celdas certificadas equivalentes
Sistemas no estandarizados entre marcas
Esto deja al consumidor atado a la garantía, al importador o, en el peor de los casos, ante la necesidad de reemplazar el vehículo completo.
Un auto eléctrico sin batería funcional no es un vehículo: es un objeto inmóvil y costoso.
El riesgo para el usuario: el costo total de vida útil
Muchos usuarios calculan el costo diario, pero no consideran el costo total de propiedad. Si la batería falla fuera de garantía:
No hay repuestos económicos
No existe mercado secundario confiable
No hay talleres independientes con escala
No hay alternativas universales entre marcas
Esto no significa que los autos eléctricos sean una mala opción, sino que el mercado está lejos de ser maduro y las expectativas deben ser realistas.
Conclusión: ahorro diario claro, estructura técnica insuficiente
Hoy, en Argentina:
Sí:
El consumo es bajo
El costo por kilómetro es muy inferior al de la nafta
Para uso urbano, el ahorro es tangible
Pero también:
La batería es crítica y costosa
El soporte técnico es escaso
La dependencia del fabricante es absoluta
El riesgo post-garantía es alto
En resumen: el auto eléctrico funciona muy bien… hasta que deja de funcionar. Y cuando eso sucede, el problema ya no es tecnológico: es estructural.
El futuro puede ser eléctrico, pero el presente todavía necesita técnicos, repuestos y transparencia en la letra chica.