Apple invierte USD 2.000 millones en IA facial: así es la tecnología secreta que llegará a los futuros iPhone
Buenos Aires, enero de 2026. Apple concretó la segunda mayor adquisición de su historia al comprar la startup israelí Q.ai por un monto cercano a los USD 2.000 millones, solo por detrás de la compra de Beats en 2014. La operación, que se mantuvo en reserva hasta ahora, revela una apuesta estratégica por una nueva forma de interacción entre humanos y tecnología basada en inteligencia artificial facial.
Q.ai operó durante cuatro años en completo silencio, desarrollando una tecnología capaz de interpretar el llamado “habla silenciosa”: un sistema que comprende lo que una persona quiere decir sin emitir sonido. Para ello, la startup analiza micromovimientos faciales casi imperceptibles en mejillas, labios y mandíbula, combinando sensores ópticos con modelos avanzados de aprendizaje automático.
Esta tecnología está pensada para integrarse en dispositivos personales como auriculares, gafas inteligentes y visores, lo que abre la puerta a nuevas experiencias de uso en entornos donde hablar o escribir no es práctico. La adquisición se da en un contexto en el que Apple busca reforzar su posicionamiento en inteligencia artificial, más allá de los modelos de lenguaje tradicionales.
El equipo fundador de Q.ai no es ajeno a Apple. Su CEO, Aviad Maizels, ya había vendido en 2013 PrimeSense, una compañía cuya tecnología de sensores de profundidad fue clave para el desarrollo de Face ID, presentado en el iPhone X en 2017. Con Q.ai, Maizels regresa a Cupertino con un proyecto que apunta a redefinir la interacción con dispositivos personales.
Junto a él trabajan Yonatan Wexler, investigador en aprendizaje automático y ganador del premio Marr, y Avi Barliya, emprendedor con experiencia en proyectos de conducción autónoma y exploración espacial, incluida la misión lunar de SpaceIL. El denominador común del equipo es la capacidad de trasladar tecnologías complejas al consumo masivo.
Antes de su compra, Q.ai ya había despertado el interés de otros actores del sector. Google Ventures fue uno de sus primeros inversores y definió su tecnología como una forma de reducir la distancia entre la intención humana y la ejecución digital. Tras conocerse la adquisición, Tom Hulme, socio de GV, sostuvo que este tipo de desarrollos ayudan a entender qué sucede cuando “la computadora desaparece” de la experiencia cotidiana del usuario.
La operación se produce mientras Apple enfrenta críticas por haber avanzado más lentamente que sus competidores en IA generativa. Empresas como OpenAI, Google y Anthropic ganaron terreno con modelos conversacionales, mientras Siri quedó rezagada en comparación. Sin embargo, la compra de Q.ai sugiere que Apple apunta a diferenciarse no solo por el software, sino por nuevas interfaces que eliminen fricciones en el uso diario.
Según declaraciones a Reuters, Johnny Srouji, vicepresidente senior de hardware de Apple, calificó a Q.ai como “una empresa notable que está abriendo caminos creativos en el uso de imagen y aprendizaje automático”. Las patentes de la startup sugieren posibles integraciones con futuros iPhone, AirPods, Vision Pro, Mac e incluso con una versión más avanzada de Siri dentro de Apple Intelligence.
Con esta adquisición, Apple refuerza su tradición de compras silenciosas con impacto a largo plazo, apostando por tecnologías que no siempre generan titulares inmediatos, pero que terminan definiendo la experiencia de sus dispositivos en los años siguientes.