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Turismo

Ni Messi ni Maradona: Los 'otros' jugadores que dejaron su impronta en la Selección Argentina

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miércoles 09 de septiembre de 2026

En Argentina, decir "fútbol" es invocar dos nombres: Maradona y Messi. Uno, la mano de Dios y el gol del siglo en México 86. El otro, la Copa del Mundo que tardó 36 años en volver. Entre los dos acaparan murales, camisetas y debates de sobremesa como si la historia de la Selección cupiera entera en dos capítulos.

Pero no cabe. Hay goles que cambiaron eras sin llevar el 10 en la espalda, carreras que pusieron a la Argentina en el mapa de ligas europeas y una manera de entender el juego que no se mide solo en títulos y resultados, sino también en la pasión de los hinchas.

Quienes, además de conocer sobre fútbol, busquen hacer sus predicciones en mercados de apuestas deportivas, pueden leer más en este enlace. A continuación, cuatro futbolistas que, lejos de la sombra de los dos más grandes, construyeron su propio legado albiceleste.

Mario Kempes: seis goles y una Copa que fundó la mística

Antes de que existiera el culto a Maradona, hubo un cordobés de melena alborotada que hizo suyo el Mundial del 78. Mario Alberto Kempes llegó a esa cita como goleador consagrado de la Liga española (dos veces Pichichi con el Valencia) y se fue como máximo artillero del torneo: seis goles, incluidos dos en la final contra Holanda, y el premio al mejor jugador.

Esos números no cuentan toda la historia. Kempes fue la chispa que encendió la primera estrella mundialista argentina, el punto de partida de una épica que después heredarían otros.

Con 367 goles en 649 partidos de carrera y un lugar en la selecta lista FIFA 100, su huella trascendió el césped: hoy un estadio en Córdoba lleva su nombre. El Matador no necesitó redes sociales para volverse eterno.

Batistuta: el grito de gol que retumbó en dos Copas del Mundo

Gabriel Omar Batistuta hizo algo que ningún otro futbolista había hecho: marcar un hat-trick en dos Mundiales distintos. Tres goles a Grecia en el 94, tres a Jamaica en el 98. Cuando se retiró de la Selección sumaba 56 tantos en 78 partidos, récord que se mantuvo intacto hasta que Messi lo superó en 2016.

Fuera de la albiceleste, Batigol convirtió a la Fiorentina en un templo: 207 goles en Serie A con la camiseta viola, una devoción que Florencia todavía le profesa. Con la Roma sumó un Scudetto en 2001 que la capital no celebraba en casi dos décadas.

Y con la Selección, dos Copas América (1991 y 1993) y una Copa Confederaciones. Su secreto nunca fue la sutileza, sino la potencia del disparo y la certeza de que cada pelota en el área tenía destino de red.

Simeone: del corazón del mediocampo al banquillo más temido de Europa

Diego Pablo Simeone nunca fue el jugador más talentoso de un plantel, pero siempre fue el más difícil de doblegar. Con 106 partidos internacionales y dos Copas América en el bolsillo, El Cholo encarnó una idea: el fútbol se gana con intensidad, presión y hambre.

En Europa coleccionó títulos que confirmaban esa filosofía: Liga y Copa con el Atlético de Madrid en el 96, Scudetto con la Lazio, Copa UEFA con el Inter de Milán.

Su verdadera revolución, sin embargo, llegó desde el banquillo. Al frente del Atlético desde 2011, acumula más de 800 partidos dirigidos, dos Ligas, dos Europa Leagues y dos Supercopas de la UEFA. La IFFHS lo eligió mejor entrenador de la década.

Convirtió a un club históricamente irregular en rival permanente del Real Madrid y el Barcelona. Pocos argentinos han transformado tanto un club europeo; ningún otro lo hizo primero con los botines y después con el traje.

Riquelme: la pausa como manifiesto en un fútbol de vértigo

Cuando el fútbol global aceleraba, Juan Román Riquelme jugaba en cámara lenta y hacía que todos los demás parecieran apurados. Enganche clásico, el último de una estirpe, construyó su leyenda en Boca Juniors: tres Copas Libertadores, una Intercontinental y 200 asistencias que alimentaron a toda una generación de delanteros.

En Europa su paso fue breve pero luminoso: llevó al Villarreal a semifinales de la Champions League, algo que un club de una ciudad de apenas 50.000 habitantes no tenía derecho a soñar. Con la Selección, el oro olímpico en Pekín 2008 cerró el capítulo más emotivo de su carrera con la celeste y blanca.

Hoy preside Boca Juniors, prueba de que su manera de entender el juego no terminó cuando colgó los botines. Riquelme demostró que en el fútbol moderno todavía había sitio para la visión, la pausa y el pase que nadie más veía.

Cuatro hombres, cuatro maneras de dejar marca. Mientras el debate eterno gira alrededor de Messi o Maradona, estos jugadores construyeron, gol a gol y pase a pase, una selección que no se explica sin ellos. La camiseta albiceleste tiene más historia de la que cabe en un solo póster.