2026-01-22

Laura Vicuña, la beata chilena-argentina cuya vida se conmemora cada 22 de enero

Nacida en Santiago y fallecida en Junín de los Andes, Laura Vicuña es una de las figuras religiosas más veneradas de Chile y Argentina. Su testimonio de fe y sacrificio la llevó a ser proclamada beata por el papa Juan Pablo II en 1988.

Laura Vicuña nació en Santiago de Chile en 1891 y falleció en Junín de los Andes en 1904, a los apenas 13 años. Su corta vida estuvo marcada por el sufrimiento, la fe profunda y una entrega espiritual que la convirtió en una de las beatas más veneradas de ambos lados de la Cordillera.

Durante su infancia, su familia padeció las consecuencias de la guerra civil chilena de 1891, conflicto que enfrentó a los partidarios y detractores del entonces presidente José Manuel Balmaceda. Laura fue bautizada en la Parroquia de Santa Ana de Santiago, el mismo templo donde años más tarde sería bautizada Santa Teresa de los Andes.

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Tras la muerte de su padre en 1894, su madre, Mercedes Pino, emigró con sus hijas a la Argentina y se estableció en una hacienda de Quilquihue. Posteriormente, Laura ingresó a un colegio de la congregación María Auxiliadora, en Junín, fundada por Don Bosco. Allí profundizó su vida religiosa y espiritual.

La situación familiar, marcada por la relación de concubinato de su madre con el propietario de la hacienda, Manuel Mora, fue una fuente constante de dolor para Laura. A los 10 años, con una madurez espiritual notable, ofreció su vida a Dios como acto de reparación, promesa que reafirmó al recibir el sacramento de la Confirmación.

Poco tiempo después, contrajo una grave enfermedad que afrontó con serenidad y fortaleza, hasta su fallecimiento en 1904. En 1988, el papa Juan Pablo II la proclamó beata y destacó su figura como “gloria purísima de Argentina y Chile”, subrayando su ejemplo de fe para ambas naciones.

La festividad de la beata Laura Vicuña se celebra cada 22 de enero, fecha en la que su figura vuelve a ser recordada como símbolo de entrega, fe y esperanza.

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