Homenaje
A 15 años de la muerte del primer presidente democrático: Raúl Alfonsin
El hombre que encabezó el retorno del país a la democracia tras la última dictadura militar, Raúl Alfonsín, murió el 31 de marzo de 2009 a las 20.30. Tenía 82 años.
Su cuerpo no soportó más la carga de un cáncer de pulmón que se había agravado en las horas previas con una neumonía.
El médico Alberto Sadler fue quien dio la noticia y algunos detalles. “Lamentablemente a las 20.30 el doctor Raúl Alfonsín ha fallecido tranquilo en su domicilio, acompañado por sus familiares, con mucha paz. Estaba dormido, con deterioro sensorio y respirando muy tranquilamente. En este momento solo puede decirse que ocurrió en un marco de mucha tranquilidad y acompañado por su familia, como él siempre quiso que ocurriera”, fue el breve comunicado de Sadler ante los periodistas.
Era tan respetado por todo el arco político que hubo un desfile de figuras políticas por el departamento de la avenida Santa Fe en el que pasó el último tramo de su enfermedad. Incluso hasta la presidenta de entonces, Cristina Kirchner, llamó por teléfono desde Qatar, donde estaba de gira, para saber cómo seguía su salud.
El Gobierno decretó tres días de duelo por la muerte Raúl Alfonsín. Con Cristina Kirchner ya en Londres, fue el vicepresidente Julio Cobos quien formalizó la medida, por la que todos los establecimientos públicos tuvieron sus banderas a media asta.
Alfonsín padecía un cáncer de pulmón con metástasis ósea. Su cuadro se complicó días antes de su muerte a raíz de una “neumonía broncoaspirativa”, que obligó a que un equipo médico siguiera de cerca su salud. Si bien el líder radical ya había sobrellevado varias complicaciones similares, esa vez el cuerpo le dijo basta.
Su última aparición en público fue a comienzos de octubre de 2008, durante el homenaje que se le realizó en la Casa Rosada a 25 años de su asunción como Presidente. En esa ocasión, y rodeado de radicales, peronistas y socialistas, dejó algunas frases que sonaron a mandamientos de su forma de ver y ejercer la política. “No es posible concebir el debilitamiento de los partidos políticos”, afirmó. Y también señaló que “se impone fortalecer el estado de la ley y del derecho”.
Una máxima de esa ceremonia puede servir como resumen en boca propia: “Toda mi actividad política buscó fortalecer la autonomía de las instituciones democráticas y el gobierno de la ley”. Desde el momento en que se agravó su enfermedad, periodistas, simpatizantes y curiosos se agolparon frente a la puerta de ingreso del departamento de la avenida Santa Fe, a la espera de novedades. Cuando se conoció la noticia, a las puertas del edificio se escucharon, después de un “Alfonsín, Alfonsín”, las estrofas del Himno.
Unas 80.000 personas concurrieron a su velatorio, que mantuvo su féretro en el Salón Azul del Congreso de la Nación. Entre las autoridades políticas que participaron del acto se encontraban los ex presidentes Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner; la presidenta Cristina Fernández no pudo estar presente por encontrarse en la Cumbre del G-20 de Londres.
Al día siguiente sus restos fueron llevados en una cureña militar escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo al Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Los restos del ex presidente descansaron provisoriamente en la bóveda de los caídos en la Revolución del Parque hasta que el 16 de mayo fueron trasladados a un monumento individual en el mismo cementerio en un lugar construido sobre mármol gris y beige, donde hay una cruz en lo alto y un luminoso vitraux por el que entra una luz tenue.
La frase del preámbulo de la Constitución Nacional que él solía repetir durante la campaña presidencial está grabado sobre un mármol, como reseña de sus intenciones y legado: “… Con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino…”.
El recuerdo de su frase en la provincia de Neuquén
“A vos no te va tan mal, gordito”, lanzó el entonces presidente Raúl Alfonsín en medio de un discurso en Chos Malal, en el norte de la provincia de Neuquén, durante un acto por el aniversario de la ciudad.
Hubo risas, chiflidos, aplausos, insultos. Aquella frase circuló por todos los medios de comunicación del país y quedó en la historia.
Alfonsín había llegado ese 4 de agosto de 1987 para encabezar los festejos del centenario que realizaba la primera capital de la provincia. Era, además, la primera vez que el pueblo recibía a un primer mandatario, según recuerda el diario La Mañana de Neuquén en una detallada crónica.
La situación económica no era la mejor. La inflación se había disparado, el dólar estaba descontrolado, la plata no alcanzaba para llegar a fin de mes, el déficit fiscal parecía imposible de bajar y no había un panorama claro sobre cómo se podía salir de la crisis. El Plan Austral, tras su promisorio comienzo, empezaba a flaquear.
El entonces gobernador Felipe Sapag había ganado las elecciones en 1983 y era el anfitrión del presidente en aquel acto que tuvo lugar frente al histórico Torreón. Lo acompañaba el intendente de Chos Malal de entonces, Héctor Jofré, y una numerosa comitiva de funcionarios provinciales y nacionales.
“Aprovecho estos cien años y esta oportunidad, Don Felipe, para agradecerle como presidente de la Nación todo lo que ha hecho usted por Neuquén y, consecuentemente, también por la Nación”, fueron las primeras palabras de Alfonsín.
“Ya termina su mandato, tiene usted suerte, a mí me toca todavía un tiempo; pero tiene también la satisfacción de poder decir que no habrá solucionado todos los problemas, pero que ha intentado solucionar todos los problemas y eso es lo que importa en la época en que vivimos”, aseguró Alfonsín. En aquel momento, el mandato presidencial era de 6 años sin posibilidad de reelección, lo que se modificó con la Constitución de 1994.
El presidente avanzó en su discurso hablando de la política energética y de posibles inversiones para Neuquén. Sin embargo, cada tanto era interrumpido con silbidos y reclamos que llegaban desde el público.
Una de las voces que más se destacaba entre la muchedumbre era la de un hombre de 33 años y padre de ocho hijos que se llamaba Sergio Valenzuela y que insistentemente hacía referencia a la crisis económica y al hambre que estaba pasando gran parte de la población.
Valenzuela era un vecino de Cutral Co que había viajado a Chos Malal junto a una agrupación de militantes para participar del acto.
Fueron tantas las interrupciones en aquel discurso que, en un momento dado, Alfonsín hizo un paréntesis en su mensaje y mirándolo a Valenzuela, lanzó con evidente enojo: “A vos no te va tan mal, gordito, ¿no?”.
La ocurrencia de Alfonsín generó risas, silbidos y todo tipo de reacciones hasta que el acto finalizó y las autoridades se encaminaron a la inauguración del comienzo de la obra del Gasoducto desde Filo Morado, ubicado a 80 kilómetros de Chos Malal.
El presidente dio la primera puntada de soldadura en uno de los caños para dejar formalmente inaugurada la obra.
