miércoles 19 de agosto de 2026
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El maitén, una especie nativa que acompaña los paisajes cordilleranos

Su copa puede alcanzar los 20 metros, sus hojas permanecen verdes durante todo el año y sus pequeños frutos adquieren un intenso color rojo al madurar.
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En los ambientes cordilleranos de la Patagonia existe un árbol que conserva su presencia verde incluso durante los meses más fríos: el maitén, cuyo nombre científico es Maytenus boaria.

La especie forma parte de los bosques andinos patagónicos y encuentra condiciones favorables en sectores frescos y húmedos, especialmente en áreas próximas al agua.

En Neuquén puede encontrarse en distintos ambientes cordilleranos y constituye una de las especies nativas que ayudan a definir el paisaje de la región.

Su nombre también tiene una dimensión cultural. Maitén y huáyo son algunas de las denominaciones asociadas a esta especie y forman parte del patrimonio cultural vinculado con la vegetación nativa patagónica.

El árbol puede alcanzar unos 20 metros de altura y desarrollar una copa globosa y densa. Sus ramas son delgadas y flexibles, mientras que la corteza presenta tonalidades verdes y grisáceas.

Las hojas son uno de sus principales rasgos distintivos. Son simples, alternas, lanceoladas y de bordes finamente aserrados. Pueden medir entre 2 y 8 centímetros de largo y conservan su color verde durante todo el año.

Una especie ligada al agua

El maitén tiene preferencia por ambientes con disponibilidad de humedad. Por eso suele crecer asociado a cursos de agua y sectores húmedos de los bosques andinos patagónicos.

Puede encontrarse hasta aproximadamente los 1.800 metros sobre el nivel del mar, siempre que las condiciones ambientales resulten adecuadas para su desarrollo.

Su presencia forma parte de la diversidad vegetal de estos ecosistemas, donde las especies nativas cumplen diferentes funciones y mantienen relaciones con el suelo, el agua y la fauna.

El detalle que aparece después de la floración

Las flores del maitén son pequeñas y de colores discretos. Sin embargo, el árbol adquiere un aspecto más llamativo cuando aparecen sus frutos.

Se trata de pequeñas cápsulas que, al madurar, se abren y dejan visibles semillas rodeadas por una estructura carnosa de color rojo intenso.

El contraste con el follaje verde convierte a los frutos en uno de los elementos más particulares para reconocer la especie.

El maitén también está relacionado con conocimientos tradicionales sobre plantas de la región. Sus hojas aparecen entre los usos medicinales registrados históricamente, aunque estos antecedentes pertenecen al ámbito de la tradición y no constituyen una indicación médica ni una recomendación de consumo.

Más allá de sus características botánicas, conocer esta especie permite acercarse a una parte del patrimonio natural de la Patagonia.

El maitén también dejó su huella en la geografía y en la identidad regional. El Maitén, por ejemplo, es el nombre de una localidad de la provincia de Chubut, mientras que la denominación aparece además en emprendimientos, alojamientos y propuestas turísticas de distintos lugares de la Patagonia.

Así, el nombre de este árbol trascendió los bosques donde crece y pasó a formar parte de distintas expresiones vinculadas con el paisaje y la identidad patagónica.

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